Primer día de trabajo, he estado pensando mucho esta noche sobre aquella entrevista de trabajo, la que me concedió este puesto. Fue un tanto extraña y escalofriante, como si aquel hombre tuviese algo que esconder, pero, ¿el qué? ¿Será verdad? No creo, Clara ten coherencia ningún hombre famoso y multimillonario puede tener secreto alguno, todos son desvelados por la prensa rosa o por gente que los traiciona por algunas monedas.
-¿¡Quiere arrancar ya!?- un grito repentino me hizo despertar de mi trance, estaba obstruyendo el tráfico.
Cuando llegué a la empresa, todo el mundo me miraba de una forma extraña como si fuese un pez fuera del agua, y realmente lo era. Todo el mundo era mucho más experto que yo, más viejo que yo y más responsable. Supongo se preguntaran como narices conseguí ser la secretaria del jefe, dueño de la empresa, ni yo misma lo sé, no puedo contestarles.Me senté en mi correspondiente mesa, había una nota:
“Necesito que me entregue dentro de media hora el contrato con los rusos”¿Qué narices es eso? Necesito alguien que me ayude con todo este trabajo. Me puse a investigar en la computadora y resulta que todo lo que el multimillonario necesitaba estaba en ella, ¿por qué no la mirará él? Claro, es el dueño, el no hace el trabajo sucio, lo hacen sus empleados.
Terminé de mirar el contrato y de repasarlo mínimo cien veces y fui a su despacho. A su enorme y solitario despacho. Toqué en la puerta.
-Adelante.-una voz masculina se escuchó, me hizo temblar las rodillas, tragué saliva, coloqué mi ropa y entré como una profesional.
-Señor Domínguez aquí está el contrato que me pidió.-su mirada se poso en mí y yo sentí la necesidad de salir corriendo, me miraba seriamente y su mirada era tan gélida que podía congelarte los huesos. Era muy intimidante.-Déjelo ahí.- señaló con la cabeza el rincón de la mesa y yo lo puse, le miré por última vez y salí casi corriendo de allí. Nuestro segundo encuentro y seguía siendo como un bloque de hielo, estaba claro que no iba a ser nada fácil hablar con él y entablar una relación.
En la hora de irme sentí una presencia masculina detrás de mí mientras recogía. No puede ser, estas alucinando. No puede ser que esté detrás de ti.
-Señorita Alonso, quiero felicitarla por su trabajo hoy, ha sido excelente.-Dios, si está detrás de mí, apagué la pantalla del ordenador y me giré.
-Muchas gracias señor.-alcancé a decir en un susurro, sus ojos marrones esta vez no te congelaban, ahora te derretían, intentaba mantener la mirada en él pero no podía, sentía que si le miraba me iba a derretir cual helado en un día caluroso.
-Bueno, que tenga una buena tarde…-Recogí todas mis cosas y me fui hacia el ascensor, me di la vuelta y él seguía parado en el mismo sitio de antes, mirándome.- Adiós.-gesticulé y entré en el ascensor.
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