martes, 24 de febrero de 2015

Capítulo 2


Llegué a casa lo más rápido que pude, en mi cabeza solo flotaba una imagen, una idea, una ilusión, Diego. Supongo que solo era una idea tonta pero le veía interesado en mí. Como me impidió irme… Clara no digas tonterías, seguro que hiciste algo mal y te lo quería reprender y tú te fuiste corriendo como una gatita asustada.
Sí, era eso, algo hice mal. Algo del contrato seguramente. Subí a cambiarme y me puse unos pantalones que a duras penas me cubrían el culo y una camiseta que pasaba lo mismo con mis pechos. Bajé.
Me preparé un café y me senté en el sofá, encendí la tv esperando no ver nada relacionado con Diego, pero no tuve muy buena suerte, el primer canal que puse, Diego Domínguez el empresario multimillonario más deseado, el segundo canal, Diego Domínguez y su polémica de no estar con chicas en ninguna foto. ¡Necesito hacer algo donde no aparezca todo el rato él, solo necesito eso! 
Sentí la puerta abrirse y me alivié al saber que ya venían Cande y Lodo pero en lugar de eso me encontré con que me había seguido y había entrado sin necesidad de llamar… 
-¿Qué…qué haces aquí?
-Vaya, ¿está fresquita?- me ruborizo al instante, sé que lo dice por la poca ropa que llevo y eso me produjo algo de vergüenza, ¡estaba delante de mi jefe y medio desnuda!
-¿Qué hace aquí?-me incorporé lo más rápido que pude.
Noté que no paraba de mirarme pero que no me respondía, mi respiración era cada vez más agitada mientras sentía su mirada gélida y abrasadora a la vez sobre mí.
-¿Quiere algo?-segundo intento y también fallido, mierda di algo si no quieres que me muera delante de ti ahora mismo. 
No sé si pasó como media hora, por lo menos para mí, cada segundo era eterno. Él no se movía de donde estaba y yo tampoco, ambos manteníamos el contacto visual pero yo lo rompía de vez en cuando, necesitaba que dijese algo o que se fuese si no quería quedarse sin secretaría.
Escuché pararse dos coches a la vez y salir gente de cada uno de ellos, sabía que habían llegado y casi me puse a saltar. Entraron las dos hablando, Diego estaba enfrente de mi desde hace un rato, a solo escasos centímetros de que nuestros cuerpos chocaran.
-¡Ay dios, es Diego Domínguez!-escuche gritar a la eufórica de Lodo y acto seguido vi a Diego retroceder. 
-Hola chicas-caminé hacia ellas mientras sentía a Diego observándome.
-Hola, estuvimos comprando unas cosas y te íbamos a llevar a tomar algo pero veo que estás ocupada.-Cande se acercó a mi oído- No hagáis cosas indebidas.-reí bajo ante lo que me susurró y seguí intentando ignorar a Diego.
Cande se acercó a él sin vergüenza alguna, me quede sorprendida al saber que era a la única a la que intimidaba.
-Hola lindo, me llamo Cande.-le guiñó un ojo y le dio una tarjeta, acto seguido se fue a su cuarto, yo me quedé mirando la escalera descolocada por lo que acababa de pasar.
-Discúlpala, ella es así.-Lodo rió y yo rodé los ojos.
-Está bien. Clara mañana no llegue tarde por favor.-dicho eso salió de casa dando un portazo como si estuviese enfadado por algo, yo miré la puerta durante unos instantes y luego miré a Lodo que me observaba divertida y esperando a que le contara.
-¿Alguna excusa o comentario?
-No ninguno no empieces Lodovica, es solo mi jefe.
-¿Y qué hacia aquí?
-Yo también me lo pregunto…
-¿Te enamoraste?-Cande bajó corriendo.
-Lo vi irse, es hermoso. Lo necesito.-Lodo me miró esperando mi reacción pero yo no hice el mínimo gesto, solo miré a Cande y asentí.- Se fue quería que se quedase, tenías que haber hecho que se quedase.
-Bueno perdón pero solo es mi jefe, no iba a querer.
-Seguro que si no me hubiese ido él se hubiese quedado, estaba claro que me estaba comiendo con la mirada.- Lodovica se atragantó con su propia saliva al escuchar eso. Ella al igual que yo vimos que no paraba de mirar y que más que hacerla caso fue huyendo de ella por si volvía. Pero no le íbamos a decir eso a Cande, es tabú.

Capítulo 1

Clara Pov’s:
Primer día de trabajo, he estado pensando mucho esta noche sobre aquella entrevista de trabajo, la que me concedió este puesto. Fue un tanto extraña y escalofriante, como si aquel hombre tuviese algo que esconder, pero, ¿el qué? ¿Será verdad? No creo, Clara ten coherencia ningún hombre famoso y multimillonario puede tener secreto alguno, todos son desvelados por la prensa rosa o por gente que los traiciona por algunas monedas.
-¿¡Quiere arrancar ya!?- un grito repentino me hizo despertar de mi trance, estaba obstruyendo el tráfico. 
Cuando llegué a la empresa, todo el mundo me miraba de una forma extraña como si fuese un pez fuera del agua, y realmente lo era. Todo el mundo era mucho más experto que yo, más viejo que yo y más responsable. Supongo se preguntaran como narices conseguí ser la secretaria del jefe, dueño de la empresa, ni yo misma lo sé, no puedo contestarles.
Me senté en mi correspondiente mesa, había una nota:
“Necesito que me entregue dentro de media hora el contrato con los rusos”
¿Qué narices es eso? Necesito alguien que me ayude con todo este trabajo. Me puse a investigar en la computadora y resulta que todo lo que el multimillonario necesitaba estaba en ella, ¿por qué no la mirará él? Claro, es el dueño, el no hace el trabajo sucio, lo hacen sus empleados.
Terminé de mirar el contrato y de repasarlo mínimo cien veces y fui a su despacho. A su enorme y solitario despacho. Toqué en la puerta.
-Adelante.-una voz masculina se escuchó, me hizo temblar las rodillas, tragué saliva, coloqué mi ropa y entré como una profesional.
-Señor Domínguez aquí está el contrato que me pidió.-su mirada se poso en mí y yo sentí la necesidad de salir corriendo, me miraba seriamente y su mirada era tan gélida que podía congelarte los huesos. Era muy intimidante.
-Déjelo ahí.- señaló con la cabeza el rincón de la mesa y yo lo puse, le miré por última vez y salí casi corriendo de allí. Nuestro segundo encuentro y seguía siendo como un bloque de hielo, estaba claro que no iba a ser nada fácil hablar con él y entablar una relación.
En la hora de irme sentí una presencia masculina detrás de mí mientras recogía. No puede ser, estas alucinando. No puede ser que esté detrás de ti.
-Señorita Alonso, quiero felicitarla por su trabajo hoy, ha sido excelente.-Dios, si está detrás de mí, apagué la pantalla del ordenador y me giré.
-Muchas gracias señor.-alcancé a decir en un susurro, sus ojos marrones esta vez no te congelaban, ahora te derretían, intentaba mantener la mirada en él pero no podía, sentía que si le miraba me iba a derretir cual helado en un día caluroso.
-Bueno, que tenga una buena tarde…-Recogí todas mis cosas y me fui hacia el ascensor, me di la vuelta y él seguía parado en el mismo sitio de antes, mirándome.- Adiós.-gesticulé y entré en el ascensor.

El amo y la sumisa

¿Conocer a alguien es tan complicado? Clara Alonso una joven de 22 años que recién sale de la universidad cree que sí. Su primer trabajo en telecomunicaciones no será fácil, o al menos eso es lo que ella piensa. Su jefe, Diego Domínguez, un empresario reconocido mundialmente al parecer tiene secretos que no quiere que salgan a la luz. Clara se propone descubrirlos a cualquier precio, incluso, ser su sumisa.